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sábado, 15 de enero de 2011

La puerta misteriosa


Aquel joven que tantas otras veces había venido hasta aquí una vez más llegaba, se acercaba a esa puerta, puerta que como siempre seguía cerrada. Noche tras noche se hallaba ante aquella puerta infranqueable que por más que trataba de abrir era imposible. Insistía pero no podía, aquella infranqueable barrera abría un mundo de distancia entre ambos lados. Y tras esas rejas de fino y elegante cristal sentía presa su alma, embargada por el dolor de haber sido privado de su libertad.




Sin embargo allí como un libro abierto que parecía estar
en la página equivo
cada pasaba noche tras noche, enfrente de aquella puerta engañado por su subconsciente. Las noches pasaban en su encierro, bajo su lecho las ratas correteaban en busca de basura, aquel lugar inhóspito era su injusta condena, desproporcionada al crimen cometido. Con cada largo segundo de encierro deseaba conocer lo que tras aquella puerta se escondía, ignoraba que aquella era la noche, había descubierto el modo. Aquella noche a pesar de estar sumergido en la rutina era diferente, sus ojos se cerraban lentamente, dormía y de nuevo en sueños aquella puerta. Como siempre intentó por todos los medios abrirla hasta que al fin dejó volar a su imaginación, libre, al compás del viento entre los prados, las copas de los árboles, en un suspiro la puerta y el tabique que la sujetaba habían desaparecido. Las cadenas que lo sujetaban se desvanecieron con un simple guiño de ojos, y allí se encontraba completamente absorto ante lo que estaba viendo. Ante sus ojos se extendían largas praderas, allá en el horizonte se veía una columna de humo, prados llenos de colorido altas copas rozando las nubes de un claro cielo azul donde el trinar de los pájaros taladraba sus tímpanos con una dulce melodía. Avanzaba caminando despacio, con cautela, y con cada paso quedaba más maravillado, la curiosidad hizo que se acercase a ver que era aquella columna de humo.
A medida que se acercaba se vislumbraba una pequeña cabaña y un delicioso olor a comida como hacía años que jamás percibía manaba de su chimenea atrayéndolo e invitándolo a pasar. Una vez más una puerta, esta vez se encontraba abierta, un solo paso más, la obertura cada vez dejaba ver más el interior de aquella cabaña y allí dentro pudo contemplar una de las cosas más bellas que jamás había visto….





To Be Continued…..

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